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Mujeres mayas atesoran el bosque como sus familias Mujeres mayas atesoran el bosque como sus familias

FLORES, Petén, Guatemala. El rostro adusto y sereno de Felisa Navas Pérez (42) se alegra de humilde emoción y valentía, cuando cuenta las peripecias que le ha tocado vivir al lado de sus compañeras, como todas las mujeres mayas que atesoran el bosque igual que a sus familias.La Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB) es un espacio de coordinación e intercambio de autoridades territoriales que administran o influyen sobre las principales masas boscosas de Mesoamérica. Gobiernos indígenas y organizaciones forestales comunitarias que en la Alianza buscan fortalecer su propio diálogo, enfocado en la gestión comunitaria de sus recursos naturales, buscando de manera conjunta incidir sobre los gobiernos.

Por: Luis Alonso Grádiz M.

FLORES, Petén, Guatemala. El rostro adusto y sereno de Felisa Navas Pérez (42) se alegra de humilde emoción y valentía, cuando cuenta las peripecias que le ha tocado vivir al lado de sus compañeras, como todas las mujeres mayas que atesoran el bosque igual que a sus familias.

Mujeres asociadas de AFISAP elaboran juguetes de madera, entre ellos rompecabezas de pirámides en miniatura y tableros para que los niños aprendan los números mayas. Atrás, madera clasificada para la empresa estadounidense Rex Lumber.

No es para menos, ella es la única mujer en ser presidenta y representante legal de una de las organizaciones que conforman la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop), miembro de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB).

Se trata de la Asociación Forestal Integral Cruce a la Colorada, asentada en la aldea del mismo nombre del municipio de San Andrés, el más extenso de Guatemala que el resto de departamentos, a excepción de Izabal y Alta Verapaz, y está ubicado en el noroeste del Petén, con una extensión territorial de 8,874 kilómetros cuadrados.

San Andrés colinda al norte con México, al este con el municipio de San José, al sur con los municipios de Flores (exquisita capital de estilo colonial de Petén), San Benito y La Libertad, y al oeste con México, y para 1990, un total de 8,288 kilómetros cuadrados de su superficie, más de 93 por ciento del área, fueron declarados área natural protegida por el gobierno central.

En medio de esplendorosos bosques de caoba, cedro, santa maría, manchiche, pucté y otras especies de maderas preciosas y no preciosas que protegen y aprovechan de forma sostenible, como el sagrado sustento de sus grupos familiares, se encuentra la aldea Cruce a la Colorada, donde viven Felisa Navas y sus 20 compañeras integrantes de la Asociación Forestal de 65 socios.

Dejando atrás la cabecera Flores y su hermana ciudad de Santa Elena, así como los municipios de San Benito y San Andrés, todos a orillas del espectacular lago Petén Itzá, por la carretera de terracería, se transita frente a El Tigre y Cruce dos Aguadas, antes de llegar a San Miguel La Palotada, donde se encuentra el primer retén y centro de control de esta región de la Reserva de Biósfera Maya (RBM).

En las bodegas de xate en Carmelita, las mujeres cooperativistas clasifican el producto destinado al mercado nacional y al de Estados Unidos.

En las bodegas de xate en Carmelita, las mujeres cooperativistas clasifican el producto destinado al mercado nacional y al de Estados Unidos.

Es el primer Centro de Operaciones Conjuntas del Biotopo San Miguel Las Palotadas que operan el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), el Ejército y Acofop, como parte de las labores de protección, conservación y manejo sostenible de la RBM, donde el bosque y sus productos son aprovechados racionalmente por 22 organizaciones en un área de más de 350,000 hectáreas bajo contratos de concesión.

Luego siguen La Milpa, La Pasadita, Corozal La Pasadita, Cruce a la Colorada, La Colorada y Carmelita, sede de la Cooperativa Forestal Carmelita, cuyos socios y socias también protegen y viven del bosque, para sostener a sus familias y mejorar la calidad de vida de la comunidad, igual que lo propulsa Felisa Navas con la ayuda de sus compañeras y compañeros.

Bajo la actual presidencia de Marcedonio Cortave y vicepresidencia de Juan Ramón Girón, Acofop reúne a las comunidades de la zona de amortiguamiento de la Reserva de Biósfera Maya para administrar concesiones forestales que, en conjunto, representan el bosque certificado más grande del mundo por el Forest Stewardship Council-FSC (Consejo de Administración Forestal), bajo gestión comunitaria.

CASO PECULIAR

La directora ejecutiva de Acofop, Teresita Chinchilla, explica la forestería comunitaria a periodistas en las oficinas y mueblería de la Sociedad Civil Árbol Verde, en Ixlú, Flores.

La directora ejecutiva de Acofop, Teresita Chinchilla, explica la forestería comunitaria a periodistas en las oficinas y mueblería de la Sociedad Civil Árbol Verde, en Ixlú, Flores.

El caso de Felisa Navas es muy peculiar porque es viuda hace 11 años y resultó electa por la asamblea como presidenta de la Asociación Forestal Integral Cruce a la Colorada, en el 2011, cuando nadie quería aceptar el cargo debido a la muerte violenta del anterior líder. Ella tiene ocho hijos y desde ese tiempo se las ha ingeniado para sacarlos adelante.

Su hija mayor tiene 26 años, 11 años el varoncito menor y la más pequeña seis años de edad y todos sus vástagos, así como ver el desarrollo de su comunidad, le impulsan a ser una mejor dirigente cada día. “Al principio se ha visto prosperidad, pero hubo que contratar deudas por millón y medio de quetzales y se han venido pagando y ya estamos casi solventes”, destaca, mientras la comisura de sus labios muestra cierta sonrisa que alegra su rostro de mujer valiente y emprendedora.

La gente de Cruce a la Colorada, que maneja 20,469 hectáreas de bosque en concesión por 25 años, se encuentra más animada porque ha tenido el apoyo del Proyecto Pedder con el asesoramiento de Rainforest Alliance y Acofop, para empezar a operar su propio aserradero. Así no solo venderán directamente madera en pie, sino que aserrada también a través de la empresa de las organizaciones Forescom.

La gerente de AFISAP, Nubia Sosa, destaca que las mujeres de a poco se han ido integrando a las labores de la forestería comunitaria.

La gerente de AFISAP, Nubia Sosa, destaca que las mujeres de a poco se han ido integrando a las labores de la forestería comunitaria.

Igual que en las otras organizaciones también trabajan el xate (exportado a Estados Unidos para arreglos en bodas y funerales), chico zapote de la base pasta para la goma de mascar, semillas de Ramón, bayal, pimienta y guano para techos, entre otros productos del bosque, y el conjunto de actividades agroforestales les genera un millón 200,000 quetzales al año.

El ejemplo de trabajo de las mujeres de Cruce a la Colorada también se repite en Carmelita y San Andrés, con el apoyo técnico de Acofop, cuya directora ejecutiva, la arqueóloga Teresita Chinchilla, es de las más fuertes propulsoras de las comunidades forestales y su segmento de mujeres.

En Carmelita, aldea de San Andrés, a 523 kilómetros de la capital y 85 de la cabecera departamental, integradas a la cooperativa de 214 socios, las 80 familias también viven de la extracción de la madera, xate y del chicle, así como la carpintería y el turismo que llega a los sitios arqueológicos mayas del norte del departamento, incluyendo El Mirador, la ciudad cuna del preclásico.

“Las mujeres clasifican el xate y les viene bien porque es compatible con las tareas de la casa, no hay horarios y cobran entre 1,000 y 1,200 quetzales al mes”, destaca Ana Centeno, socia de la cooperativa.

Como secretaria de Acofop y presidenta de la Asociación Forestal Integral Cruce a la Colorada, Felisa Navas asistió, junto a la delegación de Petén, al Precongreso Forestal Comunitario “La forestería comunitaria base de la gobernanza forestal y punto de partida para FLEGT y REDD”.

Como secretaria de Acofop y presidenta de la Asociación Forestal Integral Cruce a la Colorada, Felisa Navas asistió, junto a la delegación de Petén, al Precongreso Forestal Comunitario “La forestería comunitaria base de la gobernanza forestal y punto de partida para FLEGT y REDD”.

Igual sucede con la Asociación Forestal Integral San Andrés Petén (AFISAP), una asociación sin fines de lucro con 169 asociados que se dedican a la extracción y la transformación de madera, y a la exportación de xate y chicle.

“No somos muchas, pero somos machas”, ríe Nubia Sosa, gerente de AFISAP, quien cuenta cómo la organización emplea a 84 vecinos, incluyendo trabajos en el aserradero, donde las mujeres lijan madera de caoba y cedro para armar juguetes para niños, que luego venden en el mercado nacional a 95 y 80 quetzales.

Los avatares y alegrías que se conjugan en las promisorias comunidades forestales de Petén se reflejan en la expresión seria y valiente del rostro de Felisa Navas, ejemplo del esmero y amor que son las virtudes con las cuales las mujeres mayas atesoran el bosque como a sus familias.

“Es bastante complicado, los líderes siempre somos criticados, porque no somos moneditas de oro para caerle bien a toda la gente; hay que tener sabiduría para seguir adelante”, resume la lideresa de Cruce a la Colorada.La Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB)  es un espacio de coordinación e intercambio de autoridades territoriales que administran o influyen sobre las principales masas boscosas de Mesoamérica. Gobiernos indígenas y organizaciones forestales comunitarias que en la Alianza buscan fortalecer su propio diálogo, enfocado en la gestión comunitaria de sus recursos naturales, buscando de manera conjunta incidir sobre los gobiernos.