Los indígenas se mueven rápidamente para sobrevivir, pero necesitamos ayuda

May 11, 2020 | Blog

I Por Levi Sucre, Coordinador de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques I

El pueblo bribri de las selvas tropicales de Costa Rica, salió del aislamiento solo en las últimas décadas. Por esto, a menudo se nos llama «las personas ocultas». A medida que el nuevo y mortal coronavirus se afianza en Costa Rica y en otros países de bosques tropicales, corremos el riesgo de volver a ser invisibles. Y no estamos solos.

En África, América Latina y el sudeste asiático, los gobiernos han comenzado a asignar recursos para combatir la aterradora pandemia, pero algunos líderes indígenas dicen que las autoridades ignoran a los pueblos y nuestras necesidades, al mismo tiempo que nosotros también nos preparamos para luchar contra esta enfermedad. Si las comunidades colapsan bajo el peso de la actual crisis de salud global, todos los ciudadanos de este planeta en calentamiento también sufrirán. Los estudios demuestran de manera concluyente que los pueblos indígenas son, con mucho, los mejores administradores del carbono forestal del planeta y su biodiversidad.

Al igual que otras comunidades en Mesoamérica y en todo el mundo, los pueblos de Costa Rica se han movido rápidamente para cancelar eventos y cortar el acceso a nuestros territorios desde el exterior. Mediante la radio y mensajes de WhatsApp en idiomas locales, llegamos a comunidades remotas con lecciones sobre cómo protegerse. Estamos construyendo reservas de alimentos, agua y desinfectante para manos.

En un escenario mucho más amplio, como miembro de una alianza global de organizaciones territoriales indígenas, sé que tales esfuerzos no serán suficientes. Mis colegas y yo creemos que la covid-19 golpeará a las comunidades con más fuerza. Nuestros sistemas de salud son más débiles que los que están fuera de nuestros territorios. Tenemos curanderos tradicionales, pero los trabajadores de salud son escasos.

Los miembros de mi pueblo deben viajar 90 kilómetros para llegar a un hospital, mientras que varias comunidades forestales de América Latina carecen de acceso no solo a la atención médica básica, sino también al agua potable y la electricidad. Como cualquier persona con acceso a noticias, nos sentimos ansiosos. Algún alivio vendría si nuestros gobiernos nos ayudaran a fortalecer las medidas que ya hemos implementado.

También queremos que las autoridades de nuestros países impidan que las agencias y empresas gubernamentales invadan nuestras tierras. A medida que la pandemia se expande, estamos viendo señales de que los actores legales e ilegales están aumentando las invasiones de los territorios indígenas, aprovechando el caos. Nuestros hermanos y hermanas en Brasil y otros países amazónicos informan una aplicación laxa de las leyes y un aumento en las actividades que han provocado la destrucción del medio ambiente y la muerte de muchos activistas en todas las naciones de los bosques tropicales, incluida Costa Rica.

A pesar de los desafíos que compartimos con otras comunidades, es probable que a los costarricenses indígenas les vaya mejor que a nuestros aliados en otros países. Desde 1977, cuando tenía nueve años, nuestro gobierno nacional ha reconocido los derechos de nuestros pueblos. Hemos desarrollado nuestros propios sistemas de gobierno y administramos nuestras tierras tradicionales de manera sostenible.

Tenemos voz en las decisiones que nos afectan, ya que el gobierno incluye a los líderes en la creación de los planes económicos de Costa Rica y su plan de emergencia. Y Geyner Blanco, un líder indígena, ahora sirve como parte del equipo central de operaciones de comando del gobierno que maneja la pandemia.

Pero la covid-19 ha introducido una amenaza como nada que hayamos visto desde que la Europa colonial llegó a nuestras costas. Incluso en Costa Rica nos encontramos en necesidad de ayuda. Nos unimos a nuestros colegas de todo el mundo para implorar a los gobiernos que apoyen nuestros esfuerzos para proteger a nuestras comunidades y cuidar a quienes se enferman. Y exigimos que nuestros líderes nacionales tomen las siguientes acciones concretas:

1. Compartan información precisa y oportuna con las comunidades sobre la pandemia, y aseguren de que la información se distribuya en idiomas nativos.

2. Incluyan a líderes en el desarrollo e implementación de planes de emergencia para acceder a alimentos, agua, equipo de protección personal y, eventualmente, tratamientos y vacunas.

3. Proporcionen traductores y transporte para obtener servicios médicos.

4. Intensifiquen la aplicación de las leyes que protegen nuestros territorios de las invasiones externas.

5. Nos involucren en cualquier decisión que nos afecte a nosotros y a nuestros territorios, ya sea que el objetivo sea crear una nueva área protegida, abordar una pandemia o reducir las emisiones de carbono.

Durante siglos de conquista y enfermedad, los pueblos indígenas hemos permanecido con demasiada frecuencia invisibles para nuestros gobiernos; con demasiada frecuencia nuestras contribuciones han sido ignoradas, a pesar de un creciente cuerpo de ciencia que sugiere que los grupos de conservación de alto nivel y los gobiernos deberían asociarse con nosotros.

En Costa Rica, los bribri no solo producimos cacao de clase mundial, tenemos conocimiento y una forma de vida que mantiene nuestros bosques en pie y nuestro entorno en armonía ecológica. Debemos continuar sobreviviendo, junto con nuestros conciudadanos, hasta que la ciencia nos traiga tratamientos y una nueva vacuna. Por ahora, necesitamos que nuestros gobiernos nacionales nos ayuden a proteger nuestras tierras y a nosotros mismos contra los agentes humanos y virales que devastan la salud y el hábitat.

Y cuando surjan soluciones de un laboratorio en algún lugar del mundo, como lo harán, los pueblos indígenas no estarán ocultos como los bribri alguna vez lo estuvieron. En cambio, continuaremos luchando por mejores vidas para nuestras comunidades y el mundo. Y sabremos que, al salvarnos, nuestros países ayudarán salvar algo mucho más grande.

Este artículo de opinión fue publicado en El País de España.

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